Un día en el paraíso: la Villa Olímpica

miércoles, 6 de agosto de 2008

La prometida crónica:

Un bosque. Una piscina. Un supermercado. Una tienda de regalos. Un macrocomedor, con palillos chinos. Hasta un centro de aprendizaje de chino mandarín. Un templo flanqueando la entrada. Es la Villa Olímpica.

Faltan pocos días para el inicio de los Juegos Olímpicos y todo parece sacado de un cuento de hadas: los vehículos dan prioridad a los peatones en los pasos de cebra -poco habitual en Pekín-, todo el mundo habla inglés y la gente sonríe sin parar por las calles. Además, Coca-Cola gratis para todos.

Un lugar en el que lo mismo puedes cruzarte con la delegación de Liechtenstein que con la de las Islas Caimán.

Si no eres atleta o no formas parte de una determinada delegación, entrar llevará horas, aunque te haya invitado el equipo olímpico de un país determinado. Aguardan accesos no señalizados y controles previos que dan paso a más controles.

Pero el calvario merece la pena cuando te pierdes entre atletas de los cinco continentes, algunos famosos y otros anónimos, que quizá salten al estrellato en unos días.

Los modernos edificios de nueve plantas alojan a los 16.000 deportistas y entrenadores participantes de 203 delegaciones, que muestran orgullosos las banderas de sus países. Como la de Brasil o la de Grecia, que ocupan una fachada entera.

China ocupa dos pabellones; Bután apenas unas habitaciones. España más de media manzana, con 1.600 llaves que repartir entre sus componentes.

"Ninguna queja" y "es la mejor villa olímpica que he visto" son dos de las frases que suscriben gran parte de los representantes españoles. Como la judoca Isabel Fernández, que ya ha pasado por otras tres villas y sabe de lo que habla. No obstante, esboza un pequeño lamento: "mi cama es un poco dura".

"Estamos bien situados, enfrente del comedor, que es lo que más visitas", continúa. Precisamente allí se dirigen los maratonianos Alessandra Aguilar y Chema Martínez, que se maneja a la perfección con los palillos chinos. "Lo único es que al final te quedan agujetas en la mano", bromea el madrileño.

Son de los pocos atletas se mezclan con deportistas de otras delegaciones y, en esta ocasión, se han sentado junto a dos malienses.

El comedor es inmenso y ofrece una gran variedad de platos: comida asiática, mediterránea, ensaladas, pasta, bollería... hay hasta un McDonald's, de donde sale un estadounidense con la visera al revés y los pantalones a medio caer. Más que diseminarse, los estereotipos parecen luchar por mantenerse.

Neozelandeses y australianos, por ejemplo, confraternizan delante del televisor mientras ven un partido de rugby entre ambas naciones, rodeados de canguros boxeadores de peluche.

A la salida del comedor, un coreano ataviado con kimono reparte octavillas que resultan incomprensibles para unos ojos occidentales.

Justo ahora es el turno de comida de la selección de baloncesto femenino. La estrella, Amaya Valdemoro, graba sin cesar con su videocámara, a quien también hace partícipe del almuerzo del grupo.

La nadadora Gemma Mengual ya ha comido y vuelve junto a sus compañeras con un café en la mano, dispuesta a descansar; casi a la vez, sale del pabellón de España Gervasio Deferr, presuroso porque el autobús que les llevará a entrenar está ya esperando.

Para su suerte, estos autobuses salen justo enfrente del edificio ocupado por los españoles, pero hay quienes prefieren aprovechar la distancia para calentar:
"La pista donde nos ejercitamos está a dieciséis minutos corriendo", explica sonriente Chema Martínez.

Se palpa el buen rollo entre los españoles. Las sonrisas cómplices, las bromas y los vaciles son constantes.

El corredor Chema Martínez destaca esta oportunidad de convivir con gente de otros deportes con la que habitualmente no tienes oportunidad de hacerlo. Así lo demuestra su confesa intención de acoplarse a la expedición de balonmano masculino para visitar la Gran Muralla.

Entre pabellón y pabellón, en mitad de los jardines y los lagos con decoraciones chinescas, hay colocados centros de ayuda. Es el punto de distribución de las toallas (aunque cada equipo tiene las suyas propias), del papel higiénico, el repelente de mosquitos o las regletas para múltiples conexiones eléctricas, que, confiesan los trabajadores, son los artículos más solicitados por la delegación española.

Los chinos que allí trabajan atienden en perfecto inglés. Preguntados por la actitud de los españoles, ofrecen una sonrisa y aseguran que
"por supuesto, no han causado problema alguno".

A poco más de 72 horas para la Ceremonia de Apertura, la ilusión de los atletas desborda la villa.

2 comentarios:

dudo dijo...

joooooooooo, qué guaaaaaaay... (qué envidia más cochinota...)

Anónimo dijo...

Oye aunque no comente siempre..que sepas q soy una de tus mayores fans-blog!!(vale..me acabo de inventar la palabra..)A ver si tengo un ratin y te mando mail!!Muuuuuuuuakas desde Albacete!!