China y los oficios imposibles

jueves, 11 de diciembre de 2008

Una de las grandes incógnitas que tenía antes de llegar a China era el empleo. ¿Cómo se hace para emplear a 1.300 millones de personas? En España no somos ni 45 millones de personas y los últimos datos hablan de una tasa de paro del 11,3 por ciento.

En China, sin embargo, sabía que la cifra era muy baja, casi inexistente. El otro día, un amigo me lo confirmó: el desempleo urbano en el país asiático ronda el 4 por ciento. El rural están aún lejos de calcularlo. Aún así, me parecen cifras de récord.

Pues bien, durante este tiempo he estado observando ciertos trabajos que explican, al menos en parte, cómo se consigue rebajar la tasa hasta esos índices. La retribución supongo que varía desde un cuenco de arroz diario hasta un puñado de yuanes. Sobre eso, no tengo confirmaciones.

Lo primero que me llamó la atención a este respecto fue el innumerable ejército de vigilantes urbanos -chivatos- que el gobierno chino tuvo el detalle de identificar para los Juegos Olímpicos con un brazalete rojo que ni siquiera es elástico y se engancha con un imperdible al brazo del sujeto. Son en su mayoría viejetes fuera de la edad laboral (aunque esos términos se desconocen por aquí) que se sientan en sus banquetas o en el parque a ver pasar a la gente, a ver si pasa algo raro de lo que advertir a la policía. A ellos se suman los guardias de cada comunidad de vecinos. Como van uniformados, da la sensación de que hay policía por todas partes, cuando en realidad son unos mindundis que ningún poder ostentan.

El siguiente escalafón lo ocupa el vigilante de la línea amarilla. El nombre es así de cómico porque el oficio también lo es. Estos individuos, por supuesto, uniformados, se dedican a controlar que nadie sobrepase la línea amarilla del andén del metro (o del tren, en su defecto), cuando éste efectúa su entrada en la estación.

El barrendero de autopistas es otro de los oficios estrella. Gente que se dedica a barrer los arcenes de las carreteras más amplias. He llegado a ver incluso barrenderos de autopistas en otoño, que supongo que es la época de más trabajo en el sector.

En la misma autopista puedes encontrar también fregaseñales de tráfico, que se ocupan de limpiar, hacer brillar y dar esplendor a las indicaciones viales. En su defensa diré que, vista la mierda que circula por el aire chino, si no las limpiaran, estarían cubiertas por una capa de costra negra en cuatro o cinco meses.

Ya que estamos con el tráfico, continuaré la lista con el guardia de tráfico de bicicletas. Son señoras y viejetes en su mayoría que avisan a los ciclistas de cuándo pueden pasar y cuándo deben detenerse. Porque no está al alcance de todos descifrar el complejísimo código de colores del semáforo.

La de la coleta, que te veo. Te he dicho que te esperes.

Por último, pero seguro que existen muchos más, está el auténtico medidor de temperatura, que visita los locales en las duras noches de invierno para controlar que ninguno sobrepasa una temperatura establecida y, por ende, consume más de la cuenta. Quien lo hace, paga, claro.

2 comentarios:

dudo dijo...

joder, y yo quejándome de precariedad laboral.
si es que...

El Zorrocloco dijo...

Nunca me había parado a pensarlo, pero supongo que no hay otra, con tantísima población.

Fregaseñales. Hay que joderse (ahora es cuando tenemos un flashforward y vemos a nuestros nietos con empleos similares o aún más absurdos. Y si no, al tiempo XD)